«Lloré con este Superman, lo admito, recordando a papá, tan desencantado a veces de nuestra especie. Pero que seguro hubiera vuelto a creer que un hombre vuela…y hubiera llorado conmigo.»
Lágrimas, piel erizada, una sonrisa que me calentaba el corazón. Recuerdos de un sillón mohido con papá, aún vivo, mirando la televisión. Veía a un hombre volar. Un hombre que sufría, todopoderoso él, pero que se dejaba en segundo lugar para devolverle esperanza a un mundo en constante lucha. Había olvidado esta sensación hasta que vi el tráiler del Superman que presentará al mundo el director de Guardianes de la Galaxia (sí, una de mis trilogías de ficción favoritas).
¿Por qué funciona? Porque creo que James Gunn es un artista en todo el sentido de la palabra. Uno que quiere transmitir, que quiere contar historias. Que entiende que el mundo ya es un lugar suficientemente oscuro como para darle más tinieblas. No, lo de Gunn es el color, es la fantasía. Donde DC ponía siempre antihéroes, Gunn pone al héroe por antonomasía para poner el pecho a prueba de balas en pantalla gigante.
Ese tráiler, ese bendito tráiler. Ese silbido, ESE Krypto. Ese Krypto que es todo luz, toda alegría. Porque Gunn entiende esos pequeños detalles. ¿No hemos sido todos los doglovers un poco Superman también? ¿En nuestros momentos más duros no llamamos a nuestro amigo perruno y le acariciamos la cabecita para que con un lamido nos curara el corazón? ¿Para que nos llevara al hogar seguro que es nuestra familia?
¿No hemos sido todos en algún momento ese niño esperanzado en que alguien llegará a cambiar la situación? ¿No hemos cerrado los ojos soñando que del cielo llegue una esperanza? (esa llamada, esa buena noticia, ese «sí, acepto» de mi esposa).
Gunn entiende que Superman es un símbolo de esperanza. Un símbolo de esperanza que se resiste a rendirse en un mundo que hace rato parece andar anestesiado ante las barbaridades que vemos a diario. Un mundo de guerras normalizadas.
Gunn entiende que, en un momento en que parece que todos los héroes se debaten entre el bien y el mal, necesitábamos un héroe que fuera pura luz, que se pusiera los calzones por fuera para no dar miedo con su omnipotencia, que aunque estuviera a punto de perderlo todo, no dude en ayudar.
Lloré con este Superman, lo admito, recordando a papá, tan desencantado a veces de nuestra especie. Pero que seguro hubiera vuelto a creer que un hombre vuela…y hubiera llorado conmigo.
Gracias por eso, Gunn. Gracias por traerme de vuelta a papá. Gracias por devolverme la infancia, aunque sea por un rato. Gracias, Superman.
